
Los esclavos se alimentan de pan, y el barco es inmenso. Mientras camino echo un vistazo a los camarotes. Ellos tienen los brazos sucios, las manos llenas de heridas, las uñas negras. Ellos me miran muertos de hambre y yo acaricio el borde de las mangas de mi chaqueta de pana. Es una chaqueta marrón que he llevado siempre y que se está desgastando. Es una chaqueta que me ha acompañado durante años. Pero es una chaqueta que luce. El barco no es mío. Yo sólo trabajo allí. Mi secretaria se llama María y siempre me espera en mi despacho con las gafas puestas. A ella no le gusta trabajar en el barco porque el barco se mueve. Siempre lleva mucha ropa. Me gusta que lleve mucha ropa. Desde que mis manos buscan hundirse entre sus piernas hasta que entran en contacto directo con su humedad pasan al menos dos o tres minutos. Dos o tres minutos de búsqueda interminable en los que ella siempre me mira a los ojos de la misma manera. Mientras mis dedos buscan su piel ella abre las piernas. No me ayuda, nunca me ayuda. Estoy seguro de que a ella le gusta la ceremonia también. María no se quita las gafas. Hay tanta ropa que mis manos se enredan y a veces me pierdo. Es lo mejor que me podía pasar. No tenemos nada que beber. Si consigo entrar dentro de ella me desespero. María siempre se empapa. Se empapa de una manera especial. Hay tanta humedad dentro de ella que a penas siento nada. Necesito que ella me empuje dentro, hasta dentro, y sólo entonces, cuando llego al fondo, siento algo. Y luego cuando salgo del camarote noto como su humedad ha llegado hasta mis pantalones, que casi voy goteando, dejando mis huellas por el suelo como un caracol.
Cuando subo a cubierta los esclavos buscan mis huellas. A ellos les recuerda a cuando eran libres. Se tiran sobre el suelo y huelen mis huellas, chupan mis huellas. Es un espectáculo deplorable. Sus uñas, sus brazos, sus manos, sus huesos y su piel. Lo he hablado con el capitán. Sería mejor matarlos. La humedad de María les mantiene vivos, me ha dicho el capitán, y les necesitamos vivos hasta que lleguemos a tierra.
2 comentarios:
Brutal.
Otros comentarios huelgan, por ahora.
Dame más droga.
De alguien como tú es más que un halago. Qué gran placer. Espero que no se me suba a la cabeza.
¿Dónde está ahora tu droga por cierto?
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