
Mi señorita, amada mía, donde quiera que estés:
Llevo un rato tumbado en mi cama con bolas de pimienta dando vueltas por mi cabeza y escuchando un contrabajo que cuando entra me mata. Se me ha ocurrido una historia pero he pensado que era demasiado tarde para levantarme y escribirla. Además es inmoral. Además es inmoral porque es la historia de un hombre borracho que va a la playa con su mujer. Su mujer y él ya no se quieren. Me recuerda al sueño que tuve el otro día. El otro día tuve un sueño en el que entrevistabas a la Princesa y al Príncipe en un bar de Vicálvaro. Mi hermano estaba allí y llamaba a mi padre para contárselo. Tu nuera está entrevistando a la Princesa y al Príncipe. A mi me salía mi odio republicano y no hacía ningún esfuerzo por respetar tu trabajo. Creo que en el sueño ya no nos queríamos. Como el borracho que lleva a su mujer a la playa. Ella está enfadada con él porque ha bebido mucho en la comida y ha cogido el coche pero él va despacio. Cuando llegan al mar él para el coche, saca a su mujer y la tumba encima de la arena. Qué haces. Follarte. Él le baja las bragas a ella y le aprieta fuerte con los dedos en el coño. A ella le gusta. Luego se ocupará de la arena. Ella deja que su cabeza toque la arena y él la penetra fuerte. El olor a alcohol de él entra fuerte en la boca de ella. Las olas se escuchan como su respiración y ella las confunde. Él tarda en correrse. Ella se cansa y le empuja. Después camina hacia el mar y pone los pies en el agua. Ella sí se ha corrido. No le importa él. Es un imbécil. Lo que importa es ella y el mar, y todo lo que ella ha vivido. Ella no quiere que él se acerque, y como si tuviera poderes, él no se puede levantar. Ella mira el mar como si hubiera algo, como lo miramos todos. Espuma y arena.
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