
Las chicas se diviertien. Yo me divierto con las chicas en el camión de la basura. Lo hemos robado en la 21 con Yale y estamos dentro, entre un montón de escombros y restos orgánicos. Estamos dentro desnudos. Las chicas y yo. Hace un rato que el olor no nos importa. Metemos las narices en nuestros cuerpos y nos olvidamos del resto. Hoy las chicas y yo tenemos un lugar donde dormir. El camión de la basura.
Ya me he acostado con todas las chicas y las devuelvo una a una a sus respectivas casas, donde sus padres las esperan impacientes. ¿Qué has hecho hoy hija mía? He follado con Carlos y las demás chicas en un camión de la basura que hemos robado en la 21 con Yale. Perfecto, date una ducha y vete a dormir. Lávate bien el coño, que seguro que se te ha metido una cáscara de algo, o a lo mejor un alámbre del envoltorio del pan de molde, o a lo mejor una tele vieja. A lo mejor tienes una vieja imagen de Cary Grant metida en el coño, un poster antiguo de Rita Haywoth, una estampita mejicana de la virgen, o la rueda de un tractor. No papá, nada de eso. Bueno, es igual, lávatelo bien con jabón.
Nunca más volví a ver a las chicas.
Hoy me he mojado. He salido de mi casa y no habia nadie en el barrio, en mi barrio, en Moratalaz. Sólo había carteles colgados de los árboles que pedían a todo el mundo que comprara en las tiendas del barrio. ¿Qué tiendas? La resignación es más barata, más inspiradora, yo sé mucho de resignación. Me he mojado y he caminado hasta la parada de autobús. Antes, una hora antes, cuando salí a comprar más cerveza y perritos calientes para comer, me encontré delante del chino a dos corredores jóvenes. Una hora más tarde, dos perritos, y tres cervezas, mientras camino hacia el autobús para perder mi tiempo en el centro de Madrid, me encuentro con los mismos corredores, que esta vez suben hacia arriba. Cuán distinto soy de algunos seres humanos. Qué poco les entiendo. Creo que los deportistas utilizan el culto al cuerpo porque el culto a la mente siempre ha sido mucho más peligroso y doloroso. El caso es que monto en el autobús, que está repleto de gente, y empiezo a odiar a los viejos.
Camino rápido desde el autobús a la puerta de la Fnac porque llego tarde a ninguna parte y boom. Allí esta ella. Dos minutos.
Subo a la planta de libros para pensar con claridad. Buscar una excusa aunque sea. Busco entre los libros desesperadamente y me acuerdo de Hanna y sus hermanas, cuando Elliot trama una estrategia para meter a April en una librería y regalarle un libro de E.E Cummings donde ya le tiene preparada una página con un poema, y él corre detrás de ella cuando ella se mete en el taxi con el libro, y repite la página del poema una y otra vez. Pero ella no es April y yo no soy Elliot y busco algo escrito por alguien conservador y anglicano que ponga un poco de paz en mi vida. Compro los cuatro cuartetos de Elliot y luego busco entre la sección de libros en inglés a ver si ya se ha editado en EEUU lo último de Auster, y en efecto. Mira que bien, baratito además. Bajo a la última planta y miro los telesivores acompañado de una preciosa dependienta jovencita. Quiero un televisor enorme, pero quiero algo más. Algo a lo que mis hijos pequeños puedan pegarse a ver y me dejen en paz. Algo en lo que pueda ver la cara de los políticos más grande para que me den más miedo todavia. Pero joder son muy caros. Entonces me acuerdo de mi mujer, a la que no quiero y la que no me quiere y miro a los ojos de la dependienta jovencita. No me mire usted así que estoy en mi ambiente laboral. Pues sí, es verdad. Me marcho con mis dos libros. Y además es que, os voy a contar un secreto: no tengo dinero para una tele grande y es más, puede que haya bajado hasta las teles por un motivo oculto. Ese secreto no os lo puedo contar. Me vuelvo a casa con una sensación extraña y tratando de buscarle un sentido a todo lo que ha pasado esta tarde me pregunto si hay alguna manera de escribir y contar esta historia. En casa no me esperan hijos, porque no tengo, pero mientras vuelvo en el metro, también atiborrado de chusma, leo un par de paginas de lo nuevo de Auster y me animo. Venga sí, se puede escribir sobre todo.
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