domingo, 13 de abril de 2008

HISTORIAS DE GUAPOS.

No es por la comida, ni por las plantas. Me voy porque no aguanto estar aquí. Porque las calles están vacías de historias, y los restaurantes llenos de colores. Porque el gris y el negro están de capa caída, y la elegancia también. La elegancia está de capa caída. Una buena frase para empezar el día. Para mirar a la gentuza en el metro y pensar, por no decir, cabrones, iros a la mierda. Todos sabemos de qué rabia estoy hablando. Una rabia que echo de menos porque sí. Porque ya no soy el mismo. El mismo ser enfermo que hablaba de sexo y se ponía un mantel en la cabeza para escribir y poder ahuyentar a las fantasmas que me robaban la inspiración. Un mantel de cuadros rojos. Precioso, como muy francés. Como si fueran a caerle encima un montón de espaguetis, o macarrones, sí, eran macarrones.

No sé cómo abordar esta historia. Os propongo el planteamiento y vosotros me ayudáis con lo demás. A ver. Se trata de un tipo que todos los días conduce por la misma autopista para ir a su curro. Es un tramo muy vacío porque siempre lo recorre a las seis de la mañana. La autopista bordea un poblacho de chabolas donde van muchos yonkis a comprar droga, y a veces nuestro querido amigo ve desde el coche a algún yonki caminando por el arcén de la autopista. Los primeros días sencillamente les mira a las caras, pero poco a poco se va gestando dentro de él una descabellada idea. Nuestro prota es de estos tíos muy guapos, un ejecutivo de acción que ha perdido la ilusión y necesita un aliciente. Total, lo típico, mucha tensión al volante y todo eso y de repente pum. Casi sin darse cuenta se mete en el arcén y se lleva por delante a un yonki. Nadie le ve. Pasan las semanas y no ve noticias en ninguna parte, nadie habla de nada. A través de algunos contactos se entera de que nadie ha denunciado y se siente tentado a hacerlo otra vez. Por supuesto no se lo cuenta a nadie. Y entonces se empieza a cargar regularmente a yonkis en los distintos tramos de los arcenes de la autopista. ¿En qué más podría degenerar esto? ¿Podría ser una buena historia? Ya, ya, Dexter. Pero yo quiero que esté más enfocado al tema de… que divertido cargarse a yonkis sin que nadie pueda darse cuenta. Bueno, no sé. Domingo. No se me puede pedir más, y menos en el estado en el que estoy. Creo que lucho por ser alguien que no soy.
El ejecutivo de acción ese, por ejemplo.

2 comentarios:

romanticaempedernida dijo...

Los DOmingos son odiosos. yo creo que no muchos se alejan de tu ejecutivo. Es un placer leerte. tenía muy descuidado esto, pero esque la inspiración va y viene...de todas formas creo que voy a probar a ponerme un trapo de cuadros franceses (que por cierto, me chiflan) en la cabeza como haces tú...a ver si todo fluye como antes.
un besote!

marta dijo...

llego tarde, se me ocurre el tipico final de: finalmente son demasiados yonkis muertos y el tipo q tiene q recogerlos del arcén está hasta los cojones y lo denuncia pero nadie le hace caso asiq se monta un tenderete en la autopista para descubrir al atropellador!

jajaja

no cuentes conmigo xa buenas historias... =P