
Los amantes, Lara y Manuel, duermen juntos y se levantan al día siguiente. El sol es radiante. La luna está muerta. Las paredes blancas brillan y sus ojos se abren. Hoy es el día.
Binamor es un pequeño comprimido que acaban de sacar a la venta revolucionando el amor. Su propio nombre cursi indica un poco por dónde van los tiros, pero para los que no lo conozcan, para la prensa internacional y para todas las consultas de sicólogos y siquiatras del mundo, es una gran revolución. Binamor ha revolucionado el amor, por así decirlo. Ha vuelto loco a todo el mundo, y ahora la humanidad necesita recomponerse. El gobierno medita si tomar medidas legales, pero es que los propios miembros del ejecutivo están enganchados a los efectos de la pequeña pastillita. ¿Y en qué consiste la pequeña pastillita? Es una pastilla que detecta el amor. El que la tome y esté presente delante de la persona que ama, verá como sus pupilas se desbordan con un tremendo y chillón color amarillo. Por el contrario, el que la tome delante de la persona que dice que ama, y no sufra ningún tipo de alteración en la retina, demuestra que miente y que no siente lo que dice por esa persona. Binamor aparece en los anuncios con el tremendo eslogan: “Porque hemos arreglado los problemas del mundo”. Binamor cuesta veinte euros y es cien por cien seguro en su diagnóstico. ¿Quién la ha comprado según salió a la venta? Todos los emparejados. Muchos lo niegan, pero es mentira. Todos quisieron saber la respuesta científica a si su amor y el de su pareja era verdad o no. Algunos, muy pocos, sólo los hippies, los punkies, los naturópatas y los de siempre, se negaron a violar su intimidad. Algunos modernos indies que querían transgredir dijeron que no la necesitaban, pero la tomaron. Otros no pudieron remediarlo sin más y probaron, aunque fuera por hacer la gracia, los efectos del Binamor. ¿Qué ocurrió? Se lo pueden imaginar. Matrimonios rotos, gente deprimida, y todo eso. El caos. Y por otra parte, matrimonios felices, parejas seguras de su amor eterno, y todo eso. Lo de siempre pero sin hipocresía. El problema no fue eso, el problema vino con lo que le pasó a los amantes de los que hablaba antes. Los que duermen y luego se despiertan con el brillo de la pared. Resumo.
Lara y Manuel se levantan y se sientan en la mesa del desayuno. Para ellos el Binamor es importante, no es un juego. Lo tienen puesto encima de la mesa y tienen miedo. Llevan dos años viviendo juntos y los dos últimos meses las han pasado putas porque ambos tenían dudas sobre si se querían realmente o no. Ayer por la tarde compraron el Binamor y ahora se disponen a probarlo y aclarar de una vez todas sus dudas. Nervios. Sudor. Por fin sabrán si su amor es eterno o no. Se acabaron las discusiones, el probar a otra gente, y toda esa mierda enferma de los emparejamientos. Hoy van a saber la verdad. La verdad más pura y científica que se les pueda escupir a la puta cara.
Ella toma la pastilla.
Él toma la pastilla.
Esperan diez minutos, no ocurre nada.
Esperan veinte minutos, no ocurre nada.
Él mira el prospecto, puede tardar de veinte a cuarenta minutos, o a veces incluso algo más.
Esperan quince minutos, no ocurre nada.
Esperan cinco minutos. De repente, las pupilas de él, se inundan súbitamente de un color amarillo chillón. A ella no le ocurre nada. Él empieza a llorar. Ella le coge de la mano e intenta desdoblar el prospecto para buscar explicaciones, pero está tan nerviosa que no puede cogerle de la mano y abrir el papel al mismo tiempo. Él se lleva las manos a la cara y empieza a sollozar de verdad. Ella intenta calmarse y reencontrarse consigo misma. Así que ya no está enamorada. Así que de verdad la respuesta es que no le quiere. Tensión. Pasan cinco minutos. De repente los ojos de ella se inundan brutalmente del mismo color amarillo que los ojos de él, pero parece que más fuerte, más intenso. Ella le obliga a él a mirar, se miran, se ríen, se levantan, se abrazan, y qué bonito joder, se quieren.
Pasan toda la tarde follando.
Se ponen a cenar y antes de terminar el postre ya están follando otra vez. Se les estropea el estómago pero no importa, follan otra vez.
En la cama están tan cansados que se quedan dormidos. Al día siguiente se levantan y se miran. Miran a la pared. A la ventana. Al brillo de la pared. A la mesilla, a un perro que tienen, a la alfombra. Se miran a los ojos. No hablan. No hay nada de que hablar. No hay nada sobre qué discutir. Ella se levanta al baño. Él se queda en la cama. Se tira un pedo. Oye el ruido de la cisterna e intenta disipar nervioso el olor. Ella vuelve. Él la mira. Te quiero. Yo también. Se sientan apoyados en el cabecero de la cama. ¿Seguro que no tienes dudas? Él dice que no. ¿Todo bien entonces? Todo bien. Qué gran invento el Binamor. Qué gran invento. Se ha quedado un buen día… sí… tengo que trabajar mucho… sí…
2 comentarios:
¡¡¡vaya invento!!!
yo no me arriesgaría...que encontrarse con la verdad, a veces duele.
saluditos!
Yo creo que tampoco me atrevería a ver si el invento funciona.
1beso¡
Publicar un comentario