Acabo de venir de mi pueblo, una aldea perdida en Soria donde lo único que puedes hacer es dormir, comer, leer, follar, estudiar, pensar, pasear, y ver pelis. Ya está. No sé puede hacer mucho más. ¿Podéis imaginarlo? Quiero ir más porque vuelvo como más entero. Además este fin de semana había mucha niebla. Caminar por el campo entre la niebla ha sido una de las experiencias más reconfortantes que recuerdo en mucho tiempo. Llegó un momento en que no veía nada. Iba descubriendo mi alrededor poco a poco según andaba, y no podía dejar de sonreír. Mi yo más pedante no dejaba de establecer alegorías con mi situación actual. La niebla para mí es un descubrimiento romántico. Llevaba la cámara conmigo e hice unas fotos.

Si alguna vez me diera por escribir una novela, y tuviera dinero para dejar todo durante un tiempo y ponerme a escribir, me iría a mi pueblo de cabeza. Es increíble lo bien que duermo en mi pueblo. Cuando apagas la luz, la habitación se queda completamente a oscuras, y no se oye ¡nada! ¡Nada! Soy un gilipollas. Me encanta dormir diez horas seguidas del tirón. Me encanta levantarme y abrir la puerta para respirar aire fresco. Me encanta tomarme un café con un buen bollo casero, que traen del pueblo de al lado en la furgoneta del pan. Mi pueblo es tan pequeño que no tiene panadería ni nada. Sólo hay un bar que está a punto de cerrar. El pan lo trae una furgoneta por la mañana. A eso de las doce aparece tocando el pito por todo el pueblo para que salgas a comprar el pan. ¿No es perfecto?
El silencio, el silencio, el silencio. Y cuando quieres escuchar música, parece más real. Y cuando te pones a ver una película, nadie te llama, ni te molesta. El fuego de la chimenea es un amante de la tranquilidad. El reloj un enemigo que ha perdido la batalla contra el tiempo. Todos los objetos son banales formas de decoración. Lo único que te apetece tocar es un libro, y lo único que te apetece beber es vino de bodega y cerveza a la luz de un sol que brilla de verdad. En Madrid somos gilipollas. Somos gilipollas por apreciar estos placeres cuando nos vamos fuera, y llenar nuestras vidas de puta mierda cuando estamos dentro.
La próxima vez que venga quien quiera. Todo el mundo está invitado al paraíso.
3 comentarios:
Me quedé con un buen sabor de boca la última vez que fui a tu pueblo. Fue un gran fin de semana de enormes risas. Aunque, ciertamente, como hablé con fer hace poco, si repetimos sería muchísimo mejor ir en plan tranquilo y filosófico (disfrutar de buena bebida, quizá algun porrillo, hablar de literatuira, ver películas, filosofar) que de fiesta como la otra vez.
Al fin y al cabo es en esas veladas donde realmente lo pasamos bien.
Un saludo.
Oye, amigo, no invites tan alegremente. Corres el riesgo de que cualquier internautico desconociado o semiconocido o el del blog de al lado acepte la invitación y entonces tendrías a otro urbanita valenciano hastiado de ruido y luces incrustado en tu pueblo de Soria durante quien sabe cuanto tiempo "filosofando", como quien dice, y bebiendo vino de bodega hasta que alguna autoridad mayor decidiese expulsarme del paradiso. ¿Hay manzanas en Soria?
Me han dicho que pasara por aquí por una similitud, por un pueblo... Quitando que el tuyo está en Soria y el mío es manchego, la verdad es que hay bastantes coincidencias.
Gontar ni siquiera puede tener el calificativo de pueblo, es una pedanía. Pero es el lugar al que quieres volver una y otra vez. Con los años lo aprecias y añoras más. De niña es ese lugar perdido en un mapa donde sabes que nació tu abuela… al que regresas todos los veranos dos o tres semanas sabiendo que el viaje en coche durará una eternidad y además que te da mareos; pero una vez allí todo se transforma, tienes que inventar juegos nuevos utilizando al máximo la imaginación porque no hay nada, el mundo de la ciudad que conocías ya no existe… por no haber no hay ni mar, ni piscina, ni sombrillas, ni semáforos, ni la vecina del tercero… nada no hay nada de eso… pero si hay un río, balsas, un cartero que reparte las cartas a caballo, hay una tienda-super-bar-hotel-zona de baile que son cuatro en uno (y no es un gran centro comercial), hay fuentes que salen de las piedras, hay caminos para perderse, cuevas en las que durante el invierno se guarda al ganado y otras en las que viven dragones, o eso me decía mi primo para no llevarme…
Es ese lugar donde la gente habla a gritos, donde permanecen los primeros aromas y sabores de la cocina casera (migas, andrajos, atasca burras…), la primera vez que me enteré de que una lagartija podía servir de pendiente… y también es el lugar en el que la gente esconde muchos secretos.
Un saludo
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