jueves, 15 de noviembre de 2007

Desahogo en un plano secuencia

Hay momentos en los que es mejor echarle la culpa a otras personas y escribir sobre ellos. Son como sombras.




Lucía está sentada en la cama, con las piernas encima de Joaquin, que está tendido sobre el colchón con los ojos cerrados, totalmente inconsciente.

Lucía:

No lo entiendes en un momento todo tiene sentido y de repente todo se empieza a expandir sin que te des cuenta y tenemos un mundo completamente no sé absurdo nunca te ha pasado ves las cosas desde un ángulo completamente distinto como si el cielo y la tierra y todo lo que somos se hubiera transformado en nuestro enemigo y como si ya no fueramos lo que éramos no sé si lo puedes entender nunca ves más allá de lo que quieres ver de lo que los demás quieren que veas nunca tratas de ponerte en mi lugar ni en el lugar de nadie y en vez de ser tan abierto como dices que eres te pones como una puta pared cuando quiero decirte algo no porque no me escuches si no porque es imposible atravesarte y quiero pensar que es todo mentira y que en realidad no soy yo la que esta diciendo todo esto y quiero pensar que puedo solucionarlo y que de verdad podemos compartir todo el tiempo y que no me va a parecer una locura beber de tu vaso de tu cuerpo y si en realidad quiero hacer el amor contigo en cada momento y es así como me refiero a este espera quiero rectificar me gustaría rectificar comprender puedo tocar tu cuerpo y a lo mejor eso es lo que importa no no lo sé y si lo supiera joder daría todo a quien hubiera que darlo si lo supiera a quién me tengo que dirigir mandar los sueños puedo enviarlos a quién tengo que hablar sé que a ti no desde luego a lo mejor puedes escucharme pero creo que no el otro día cuando estabas bebiendo pensaba que querias olvidarte de mi para siempre y pensé que yo tambien quería olvidarme de ti para siempre no es curioso todo es más bien una ilusión ojalá pudieras escucharme y sentir lo que yo siento pero pero pero pero estás muerto.

Lucía pasa la mano por la espalda desnuda de Joaquín y observa la sangre que queda impregnada en sus dedos. Después se lleva la mano a la boca y prueba la sangre. Después se pasa la mano por el cuello y se aprieta los pechos suspirando.

Lucía:

Qué otra cosa podía haber hecho quedarme mirando mientras me derretía poco a poco y me iba consumiendo sin poder hacer nada que es lo que hacen todas al fin y al cabo.

Lucía se recuesta sobre la espalda de Joaquín, manchándose de sangre el rostro. Después se levanta de la cama, atraviesa la habitación y anda a través del pasillo hasta llegar a la cocina. En la cocina se apoya en una de las encimeras. El dolor sicológico la puede. La atraviesa desde arriba abajo y siente ganas de desplomarse sobre el suelo. A duras penas busca en la encimera un cuchillo y lo mira, sujetándolo a la altura de sus ojos. Lo sujeta como si fuera una espada, apoyándolo en las palmas de las manos. Después lo tira lejos. Se da la vuelta y busca la ventana de la cocina, en donde se apoya y respira de espaldas a nosotros.

Lucía:

¿Pero qué coño estoy haciendo?

Joaquín aparece detrás de ella, vemos su espalda desnuda sin sangre. Joaquín abraza a Lucía y empieza a besarla la espalda y los hombros.

Joaquín: (susurrando)

¿Qué haces aquí?

Lucía:

No lo sé. Estaba respirando un poco de aire.

Joaquín sigue besando a Lucía por el cuello hasta que descubre la sangre de la cara, se asusta, retrocede dos pasos y gira de un golpe a Lucía para mirarla de frente.

Joaquín:

¿Qué es eso?

Lucía:

Es mía.

Joaquín:

¿De dónde?

Lucía:

¿De dónde te crees gilipollas?

Joaquín:

¿Y qué hace ahí?

Joaquín se vuelve a acercar a Lucía y sigue besándola, sin importarle el contacto con la sangre.

Joaquín:

¿Es una provocación?

Lucía:

No. No tiene nada que ver contigo.

Joaquín:

¿Entonces?

Lucía aparta a Joaquín.

Lucía:

Déjame. Quiero irme.

Joaquín la mira con ganas de no dejarla ir.

Lucía:

Ni se te ocurra. Déjame.

Lucía desaparece del plano y Joaquín se da la vuelta por primera vez descubriéndonos su rostro por completo. Parece absolutamente decepcionado. Busca en su pantalón y saca un paquete de tabaco. Se enciende un cigarro. De repente escuchamos la radio y ruidos de platos y vasos. Nos desplazamos a otra parte de la cocina perdiéndole de vista. Encontramos a Lucía desayunando en pijama con sus padres en la mesa de la cocina. Los padres ya estan vestidos, se acaban de duchar. Lucía se acaba de levantar y aun está medio dormida. No tiene sangre en la cara. Hace poco que se ha incorporado al desayuno y revuelve los cereales en la leche con desgana.


Lucía:

He tenido un sueño horrible.

Padre:

¿Y eso? ¿De qué iba?

Lucía:

Preferiría no tener que contártelo.

Padre:

Como quieras.

Madre:

Yo también he soñado con algo, pero no me acuerdo de nada. Creo que me ha gustado.

Lucía:

Era todo muy raro.

Padre:

Entonces podía haber sido real. Nunca se sabe.

FIN.

Todo en un plano secuencia. Sin cortes.

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