Una vez me puse a escribir aforismos para una chica de la que creía que me estaba enamorando. Quería escribir veinte aforismos para ella y un relato sobre Lucía y Jorge, que en realidad éramos ella y yo pero al final la cosa no salió porque ella me cortó el grifo, o por lo menos lo dejó goteando. El relato final está escrito. Está por ahí. A mí me gusta. Empezaba diciendo cosas que Lucía y Jorge decían que eran pero que en realidad no eran. Era un buen relato, pero era solo para ella. Para otros no era un buen relato. En cuanto a los aforismos, llegué a duras penas hasta el número diecisiete. Me pasó algo muy curioso. Según iba escribiéndolos mi relación con esta chica se iba apagando y la calidad de los textos iba siendo cada vez peor. Pronto me di cuenta de que ya no estaba escribiendo para ella sino para mí, que ya la daba por perdida, y que en vez de obsesionarme por escribir lo que estaba sintiendo me obsesionaba porque el resultado al menos fuera coherente, que de él pudiera sacar al menos una pequeña obrita. Gran fracaso. Yo no soy escritor. Los aforismos del diez al diecisiete son un claro ejemplo de cómo se murió el propósito y cómo, consecuentemente, se murió la obra. Una obra, por cierto, con un propósito muy humilde. Que lo leyera una persona y nada más que una persona. Esa persona ya no está en casi ningún lado. Se asoma por la ventana de coches negros, saca su cabeza y saluda. Es una persona. Hola persona. Estaba pensando yo en reciclar los aforismos y colgarlos aquí. Me ha hecho falta releerlos para entender que no tienen ningún sentido fuera de su contexto. Pero entonces, ¿qué hago con ellos? No han tenido ni si quiera la suerte de poder vivir su propio contexto, estaban pensados para un contexto que pensé que llegaría pero que al final no llegó. Es una putada. La próxima vez tendré mucho más cuidado. Buscaré un propósito perenne e indestructible, como el que me empuja hacia otros muchos sitios.
Y hoy también he tenido cuidado de no ser escatológico.
2 comentarios:
Escritor: espero que entiendas que la peor locura que has hecho no es bajar las escaleras para decirle hola a tu vecina. Espero que distingas que la locura está en estar mirando en la mirilla, y esperar el momento idóneo para salir y ejecutar la acción. Los mortales miran por la mirilla cuando llaman a la puerta.
Lucía y Jorge. Los aforismos. ¿Qué hacer con ellos? Pues, quedatelos para ti. Mételos en una cápsula del tiempo junto con una botella de vino especial y ábrelo en unos 30 años. Y en el 2041, leelo junto al amor de tu vida, en una tarde de invierno, con dos copas. Creo que no pararán de reír del relato, y te aseguro que el contexto será lo de menos.
¿Fracaso?, ¿Escritor?. Yo sólo creo que hay personas que escribimos sobre nuestros fracasos, victorias, errores, detalles que otros no ven, los hacemos un poco evidentes. Pero nos hacemos más humanos. Crecemos. No damos la oportunidad de ver atrás sólo para ser mejores.
Por cierto, si te vale mi opinión, técnicamente los grifos goteando causan problemas muy molestos. En una ocasión, deje uno sin querer, yo escuchaba un ruido desde mi habitación, pero no sabía exactamente que era. Un ruido repetitivo. Una y otra vez. No podía conciliar el sueño. Dos horas más tarde estaba con un dolor de cabeza por el ruido. Me levanté. Seguí el ruido por el pasillo. Iba descalza y llegué al baño. Entré con pie izquierdo. Sentí mi pie húmedo. Me pareció una sensación molesta. El caso es que a veces es mejor evitar esos ruidos y la humedad en los pies. Es innecesaria. Cierra el grifo.
Lo más probable es que este relatos sea ficción pura y dura. Mi comentario también lo es. Sin embargo, no dejes de estar pendiente de la mirilla, aunque no llamen a la puerta, a veces pasan cosas interesantes. Hasta luego.
"Amor de mi vida", "una tarde de invierno", "una botella de vino especial". Me quedo con eso. Los problemas de fontanería nos dan historias, bienvenidos sean. Tú lo sabes mejor que nadie. Un abrazo.
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