Me da igual lo que digan. Los Coen sí han vuelto. No country for old men es una obra maestra en la que no sólo podemos leer a McCarthy, sino que también podemos leer a Shepard, uno de mis autores norteamericanos favoritos. Antes que McCarthy, Shepard inventó los diálogos de las personas cubiertas de polvo. Él firmó el guión de París, Texas, y muchas novelas y reflexiones entre las cuales me gustó particularmente Crónicas de motel. Mientras leía su poesía barata con olor a putas y whisky, pensé que bien podía haberlo escrito Raymond Carver sentado en una roca en medio del desierto de Arizona. No country for old men tiene todos los ingredientes para que mi mayor sueño inmediato sea viajar a Texas y ponerme a escribir como un loco sobre todo lo que veo.
Hay una mariposa Monarca muerta en la acerca de Ozona. La brisa se la lleva de acá para allá. Durante todo el día han estado estrellándose contra mi parabrisas, dejando salpicaduras rosadas y doradas en el cristal. He visto a una de ellas que caía a plomo desde el cielo y chocaba contra el asfalto de
Sam Shepard. 16/10/1980.
Ozona, Texas.
Con suerte este verano podré viajar a Texas con mi amigo Cody O´Dell. Allí podré matar a gente con una bombona de aire comprimido.
Reflexionemos sobre lo inreflexionable. Llamemos filósofos a los cowboys que sueñan sin haber aprendido a leer. Olvidémonos de la política, la religión, y todos esos principios de la intelectualidad que a veces pesan demasiado. Compremos caballos y montemos una rancho. Compremos una escopeta y pongámosla en la pared de nuestro dormitorio bajo la bandera. Vayámonos a la cama cuando caiga el sol, y juguemos a hacernos fotos a contra luz en la entrada del porche de nuestra cabaña. Hay muchos finales que podemos vivir. Elijamos el nuestro en el país donde se vive rápido, se muere joven, y se hace un bonito cadáver.
Aunque sea desde la triste ignorancia, soñemos con que la muerte también podría ser el protagonista de un western donde sólo quedan sueños muertos, y polvo, mucho polvo.
No os perdáis No country for old men y olvidaros de lo que sois y habéis vivido hasta que Carter Burwell ponga al final las únicas notas musicales de la película sobre un fondo negro. Quedaros a escuchar esa música hasta que termine, por favor. Merece la pena la experiencia, aunque sea una farsa, aunque sea mentira. Aunque estemos acostumbrados a que en España la magia del cine se traduzca en ceremonias de mal gusto y se nos haya olvidado representar la realidad como niños que juegan a indios y vaqueros. Desde Centauros del desierto a Banda Aparte, el cine es un arte que tenemos que sentir. Como decía Kubrick el cine es la ópera del siglo XX. Los Coen han conseguido hacer honor a la palabra de Kubrick. Han realizado una ópera sobre el silencio de la muerte en los páramos de Texas.

2 comentarios:
me ha gustado lo que has escrito... pero el desierto no me gusta nada... y menos en estados unidos... =P
No he querido leer ni una sola palabra... este fin de semana la veo sin falta, muero por verla.
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